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Chile: ¿Por qué se rechazó la segunda propuesta para cambiar la constitución?

La opción «en contra» se impuso con el 55% de apoyo social.

Después de un año y tres meses, los ciudadanos chilenos reiteraron su rechazo a un documento que muchos consideraban más conservador que la actual Constitución, la cual tiene raíces en el régimen de Augusto Pinochet, aunque ha sido modificada varias veces en la era democrática.

El resultado de la votación representa una derrota para la extrema derecha liderada por el excandidato presidencial José Antonio Kast, quien encabezó esta segunda propuesta. Al mismo tiempo, constituye una victoria agridulce para los sectores mayoritariamente de izquierda que respaldaban la opción «en contra», pero que, por segunda ocasión, no lograron alcanzar su anhelo histórico de cambiar la actual Constitución.

La pregunta que surge es: ¿Cómo se explica que Chile haya tropezado dos veces en este proceso, a pesar de que inicialmente un 80% de los chilenos votó a favor de reemplazar su actual Carta Magna?

1. Críticas al contenido de la propuesta

Una de las razones detrás del éxito de la opción «en contra» radica en que los elementos principales de la propuesta no contaban con un respaldo generalizado.

Los detractores del documento lo describieron como «profundamente neoliberal» y argumentaron que no abordaba las principales demandas surgidas durante las extensas manifestaciones de 2019, que incluían reformas en los sistemas de salud, educación y pensiones.

Según sus detractores, lo mencionado en el texto no garantizaba una mayor intervención y participación del Estado en la prestación de estos servicios, sino que, por el contrario, afianzaba el modelo del «Estado subsidiario» vigente en la actualidad, el cual, según muchos, es responsable de la desigualdad estructural en el país.

Además, se cuestionaron disposiciones como aquella que afirmaba «la ley protege la vida de quien está por nacer» o la que establecía la «objeción de conciencia», ya que, para algunos, podrían poner en riesgo los derechos de las mujeres, como la ley del aborto por tres causales vigente en Chile desde 2017, o el acceso a la píldora del día después.

Incluso líderes de la propia derecha, como la alcaldesa Evelyn Matthei, partidaria de la opción “a favor”, criticaron el contenido del texto, señalando que se asemejaba más a un «programa de gobierno» del excandidato presidencial José Antonio Kast.

La segunda propuesta constitucional fue elaborada por un consejo liderado por el Partido Republicano, de extrema derecha. Foto: Getty images

2. «Hastío» por el debate y falta de interés

Chile muestra señales de cansancio con el debate constitucional, como lo reflejan diversos estudios de opinión. A tan solo un mes de las elecciones, la encuesta Cadem, una de las más respetadas del país, reveló que un tercio de los votantes (32%) manifestaba un interés «poco o nulo» en el proceso.

Se habla de una «fatiga» o «hastío» constitucional después de cuatro años de esfuerzos para cambiar la Carta Magna. A lo largo de cinco elecciones, entre plebiscitos y comicios para elegir a los consejeros encargados de redactar las propuestas, el resultado ha sido dos intentos fallidos.

Según los ciudadanos de a pie entrevistados, una de las razones de esta falta de interés está relacionada con el fracaso del primer intento, que inicialmente despertó grandes expectativas entre los chilenos.

Hoy en día, según los expertos, el cambio constitucional ya no se percibe como una herramienta efectiva para superar la crisis. Además, varios estudios indican que las prioridades de los chilenos han cambiado. La seguridad, la delincuencia y el narcotráfico son las principales preocupaciones, seguidas por la economía. Chile atraviesa una de las peores crisis en seguridad de su historia reciente.

Chile atraviesa una crisis de seguridad lo cual provoca un gran rechazo político. Foto: Getty images

3. Un duro castigo hacia la clase política

El fracaso del proceso constitucional en Chile se debe, en parte, a la incapacidad de unir a los diversos sectores políticos, lo cual ya fue evidente en el primer intento, cuando grupos de centro y derecha se sintieron marginados. En esta ocasión, fueron los sectores mayoritariamente de izquierda los que se sintieron excluidos.

Los analistas señalan que esto llevó a que un considerable porcentaje de votantes optara por la opción «en contra» como un «voto de castigo» hacia la clase política chilena. La falta de un consenso transversal fue interpretada como una sanción por la falta de unidad, según Isabel Castillo.

La presidenta del partido socialista, Paulina Vodanovic, al conocer los resultados, destacó la necesidad de reflexionar sobre las razones que impidieron alcanzar la «tan ansiada unidad», indicando que el país perdió la oportunidad de redactar una Constitución en democracia.

Es crucial tener en cuenta que la aprobación hacia los políticos ha disminuido significativamente en Chile y en gran parte del mundo en los últimos años. Los partidos políticos y el parlamento son las instituciones que registran el porcentaje más alto de «percepción de corrupción», según las encuestas de opinión.

En este proceso constitucional, a diferencia del anterior, los partidos políticos desempeñaron un papel protagónico, lo que llevó a los analistas a coincidir en que gran parte del voto «en contra» refleja un rechazo hacia la clase dirigente. Este fenómeno se atribuye a un discurso antipolítico arraigado en Chile, similar al fenómeno observado en Argentina con figuras como Javier Milei, donde la casta política es percibida como una clase privilegiada que se beneficia de los recursos del Estado.

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